ESTUCHES PARA LÁPICES
En cierta ocasión, como jefa de estudios tuve que atender a un alumno adulto que necesitaba un certificado para presentarse a un trabajo. Terminado el documento en el ordenador, abrí mi estuche de lápices situado sobre la mesa del despacho y comencé a buscar en su interior para elegir entre varias decenas de lápices, plumas, rotuladores y bolis, el utensilio más idóneo para estampar mi firma en el papel, mientras el chico, sentado frente a mí, me miraba probablemente estupefacto. Siempre he sido absolutamente neurótica con estas cosas, no hay explicación, cada momento me sugiere un boli u otro y hay veces que me cuesta decidir.
Tras unos segundos interminables en que, en medio de un silencio absoluto, uno tras otro mis bolis iban quedando esparcidos sobre la mesa, el alumno me dijo, suave pero contundente:- "¿No cree que su vida sería mucho más fácil si tuviera solo uno?"-
-Tienes razón-, le contesté atónita y ambos reimos a carcajadas mientras comentamos la cantidad de tonterías que el consumo compulsivo nos lleva a cometer. Efectivamente, esa es la observación más sabia que he escuchado en mucho tiempo, porque el hecho de acumular toda esa larga colección de chismes que yo puedo poner en un estuche de lápices convierte en una tarea imposible elegir uno solo.
(Y ahora que lo pienso, con los materiales y gráficos para labores me está ocurriendo lo mismo, me compro muchos más de los que puedo hacer, jjjjjjjjj)
Bien, todo esto viene a propósito de que algunas amigas, todas más jóvenes que yo, siguen trabajando en la enseñanza y, claro, al empezar un curso nuevo les hace falta un estuche nuevo, ¿o no?, independientemente de lo que metan en él, no van a llevar los lápices en un estuche ya gastado y probablemente sucio.
Por eso y para darles un poquito de ánimo en estos primeros meses sin mí (jjjjjjjj), decidí hacerles una bolsita con restos de telas y de paso practicar algunas técnicas de patchwork de las que voy viendo por ahí.
Con unos cuantos restos de telas de patchwork, un poquito de punto de cruz y unas pocas puntadas, fue divertido hacer estas bolsitas que, por supuesto, también podrían servir para cosméticos o para cualquier otro uso.
De paso también aproveché para practicar el montaje de cremalleras en este tipo de labores, ya que esta es una de las tareas de costura que me resultan más difíciles y tediosas.
Tanto la inspiración para el formato, como las nociones básicas de costura para su realización, los encontré en este magnífico tuto de "Moda Bake Shop" que no tiene desperdicio.
Todavía tendré que practicar mucho más el asunto de las cremalleras (costuras rectas sin torcerme, remates de los extremos, etc.), pero desde luego con el tutorial que os indico se facilita enormemente una colocación impecable y se puede extender a otras labores parecidas en las que se necesite este cierre. Los próximos ya me saldrán mejor, os lo prometo.
La misma idea en tres combinaciones distintas de color, en azules, granates y marrones, con muy poquita cantidad de tela se pueden hacer maravillas cuando se encuentran ideas tan geniales. Las letras a punto de cruz las he bordado improvisando con hilos de Gentle Art mezclando colores aleatoriamente para que vayan bien con cualquier combinación.
Con trocitos sobrantes de las mismas telas les hice unos corazoncitos rellenos de lavanda, que este año he recogido buena cosecha en casa, además de la que me trajo Pauli de Provenza. Es mi forma de añadir una dedicatoria cariñosa sin palabras.
Las tiras están unidas a máquina y para los forros utilicé una de las telas de la colección. He puesto una capa de relleno de algodón, que ayuda a mejorar el aspecto y da un poco más de rigidez. Para acolchar he copiado, en algunas labores de patchwork que he visto por ahí, estos puntos de adorno hechos por encima con hilo de perlé en un tono coordinado.
Para rematar el tirador de la cremallera les he puesto un cordoncillo hecho con la misma tela y he cosido sobre él un charm plateado en forma de corazón con la leyenda "made for you".
Una labor muy, muy divertida, rápida y agradable. Espero que Marioli, Elsa y Mª Luz disfruten mucho de sus estuches y encuentren en ellos, además del lápiz de sus sueños, el cariño con el que yo las recuerdo cada día.